La Naranja Mecánica de la sociedad bilderberg

La Naranja Mecánica (1971), de Stanley Kubrick, está basada en la novela homónima escrita por Anthony Burgess.
Aunque el mensaje que traslada la película no es tan completo como el que traslada la novela, debido a la necesidad de sintetizar al máximo el mensaje del libro, sí que podemos hacer comparativas racionales y lógicas que nos llevan a deducir que la sociedad en la que se desarrolla la historia de La Naranja Mecánica, durante los años 60, sigue siendo desgraciadamente bastante igual que en la actualidad.

Lavado de cerebro

Lavado de cerebro

La Naranja Mecánica tiene un protagonista principal que es Alex. Alex, en compañía de amigos, se dedica a hacer de las suyas en la sociedad de los 60, una sociedad avanzada y para nada diferenciada de la actual, a tenor de la forma de pensar, de actuar por parte tanto de los ciudadanos como de las autoridades, a excepción obviamente de los avances tecnológicos con los que contamos a día de hoy. La esencia de La Naranja Mecánica es tan existente hace medio siglo como en la sociedad de hoy en día.

Alex y sus amigos disfrutan en el sistema que se ha creado para ellos. La sociedad de los sesenta, y más en Reino Unido que es donde se desarrolla la trama, es el comienzo del Nuevo Orden Mundial que se intenta imponer nada más acabar con la II GM. Un Nuevo Orden Mundial en el que prime la esclavización del ser humano, todo vestido bajo la brillante capa de la democracia, aunque el reverso es negro carbón. La esclavización del ser humano ha de ser no sólo física, esto es a través del recorrido natural del ser humano, como ir a trabajar, vivir en una casa, moverse en automóvil por carreteras diseñadas para ello, y que aparten a la sociedad de zonas restringidas, o transporte público. Esclavos en lo físico, y esclavos en lo mental. La mente es el principal objetivo de los nazis ideadores del nuevo sistema mundial, un nuevo sistema que se sigue implantando a día de hoy tanto en el Parlamento Europeo, casa oficial del Nuevo Orden Mundial en Europa, como en USA, como en todo el sistema civilizado-globalizado.

Y, curiosamente, la mente de Alex es la principal batalla que se plantea en La Naranja Mecánica, hace 40 años. Hemos de decir que el intento de dominar la mente humana es tan viejo como el rascar. Desde que se empezó a tener conciencia de lo que la mente humana supone, ha sido el principal objetivo de todo aquel que ha querido imponer sus ideales. Lo más importante es saber dominar la mente. De ello se encargan no sólo los productos que el sistema ofrece a los ciudadanos, tales como alcohol, tabaco, drogas, imágenes impactantes, películas o deportes y espectáculos de masas, además de la reeducación mental a través de películas, periódicos, libros, noticias, música, series y dibujos animados, entre muchos otros. La dominación mental también se impone a través de experimentos, vacunas, y tratamientos médicos tal y como ocurre
en la película. Con la dominación mental se consigue la esclavización mental de la población y, por tanto, se evitan riesgos de sublevaciones, revoluciones, de sentimientos combativos por parte de la sociedad. Ello se intenta erradicar con ahínco desde hace tiempo, pero nunca tanto como ahora, cuando más ‘disfrutamos’ de democracia, libertad, y ‘calidad’ de vida.

En La Naranja Mecánica, Alex y sus amigos disfrutan de buena calidad de vida. Vienen de familias acomodadas de los sesenta, aunque eso no impide que los fines de este pequeño grupo de ultraviolentos sexuales se ceben con todo aquel que se ponga por delante. Su morbo y su pasión, su fin en la vida es dañar para sentirse poderosos, es violar para sentir que se posee la mente del otro y se humilla al que interesa. Los fines de estos amigos son imponerse al resto a base de fuerza. En esta situación se produce la traición de los amigos de Alex con el propio protagonista, lo que hace que le acaben encarcelando por asesinato. Analizando la forma de ser del protagonista, nos damos cuenta de que las personas nacen, se hacen conforme las circunstancias, y sus cambios personales, nuestros cambios personales, se producen, en principio, de forma natural y debido a hechos que cambien el comportamiento del ser humano. Este razonamiento, básico para entender la libertad y el libre albedrío que hace al hombre un animal único, es violado en La Naranja Mecánica con el fin de dominar, a base de fuerza, la mente del protagonista, para beneficio del sistema político, y en contra de la libertad mental del hombre, tal y como ocurre en la actualidad.

Una vez Alex es encarcelado, el Ministro del Interior, metido de lleno en un proyecto y ensayo psicológico para conseguir eliminar deseos e impulsos negativos en el ser humano, busca en las cárceles británicas un conejillo de indias joven, inteligente, malvado, frío y con personalidad que calce perfectamente el zapato del experimento que desean hacer con el fin de dominar la mente humana en casos no deseados. Alex es el candidato perfecto, por lo que comienzan a aplicar en él una terapia que conseguirá finalmente hacerle asociar la violencia y el sexo, además de la novena sintonía de Beethoven, con reacciones físicas negativas que impedirán que el sujeto actúe en consecuencia con su pensamiento. Ante esto se revela el cura
de la cárcel, ya que considera ésto una violación de los derechos del ser humano, y se opone al control mental a base de la fuerza, y no debido a un cambio profundo y espiritual que nazca de la libertad y bondad de la que el ser humano dispone.

Finalmente, este experimento es visto por la sociedad de la misma forma que lo ve el cura: como un atroz intento de dominar la mente humana a base de fuerza, lo cual elimina la libertad del ser humano para favorecer los fines del sistema. Eso es lo que ocurre, con más fuerza que nunca, a día de hoy. Mediante los medios de comunicación, las drogas legales, las ilegales, y los productos y las necesidades que se crea al ser humano de la sociedad civilizada y globalizada, se impone una esclavización mental que, no sólo queda ahí, sino que se refrenda con leyes que castigan aquel que no cumpla con lo establecido. Lo que ocurre
en 1984 de George Orwell (1949), donde existe un ministerio de la mente y de los ideales, no es una loca idea del escritor. Es un hecho real que ocurre a día de hoy ante la debilidad de una sociedad dirigida y anulada de ningún tipo de deseo de libertad. La sociedad actual, como la sociedad de La Naranja Mecánica, es manipulada por el sistema para conseguir sus fines.

Al final de la película, el ministro del Interior visita a Alex, que se encuentra en el hospital después de un intento de suicidio, para verle y hablar con él. Le pide perdón por el experimento que le hicieron, aunque este perdón es en realidad una marcha atrás a los fines del proyecto, ya que la repercusión social que logra el caso hace caer considerablemente en las encuestas al partido del gobierno, muy cerca de unas elecciones. Esta marcha atrás en el proyecto por parte del gobierno le viene de perlas a Álex, que ve cómo recupera su libertad mental y vuelve a ser el que era: mejor o peor, pero libre de nuevo, imaginando mientras escucha a Beethoven a dos chicas que se revuelcan en la arena mientras los elegantes asistentes al encuentro dotan la escena de una especial surrealidad: la surrealidad única de la mente libre del ser humano, eso que nos hace libres, eso que nos hace hombres, y eso que a día de hoy es el bien más preciado y deseado por los dirigentes del sistema mundial.

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1 comentario

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